A los únicos que nosorprendieron los resultados del domingo fue a quienes hacen parte del 63% que no voto, que les vale “hongo” lo que pase o deje de pasar en Colombia, a pesar que el desenlace de esta “novela” los comprometerá hasta el tuétano, como al resto de nuestros connacionales.
Este rasgo inveterado de nuestra democracia criolla tiene que ver con el papel de los partidos políticos, encargados en lo fundamental de justificar y validar las decisiones que desde el pináculo de sociedad colombiana se toman, castigando las expectativas de desarrollo y bienestar de la mayor parte de la población; también contribuye en la consolidación de este fenómeno de manera determinante el sistema educativo, que “forma” ciudadanos abúlicos, sin ningún tipo de interés o compromiso político, entendido esto como los asuntos públicos, colectivos o comunitarios; y como un tercer aspecto podríamos finalmente responsabilizar a una cultura egoísta, utilitarista y dramáticamente frívola.
No obstante lo anterior, en medio de esta realidad y de un país escindido, debemos reemprender el proceso de apelar y provocar su reacción frente a la actual crisis política, que se supera no
solo con las reuniones a puerta cerrada en palacio, intentando acordar los mecanismos y propuestas para proponerle a las Farc, que definirán finalmente si los aceptan o no; sino motivando la movilización ciudadana en defensa de los acuerdos, su espíritu y la cara aspiración nacional de consolidar y afianzar una paz definitiva.
La nación entera y sus regiones tienen que expresarse en función de generar el clima que obligue al conjunto de los actores comprometidos en la refrendación de la paz definitiva.
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