No esperábamos un fallo de la Corte Constitucional que dejara intacta la ley que fija la cátedra de educación sexual en exclusividad para la secundaria y la universidad. Por eso resultó muy diciente una caricatura de Mheo, que ilustra con un niño sentado frente al computador, arguyendo: “Que no haya cátedra de sexualidad en primaria me da igual: mis profesoras en la materia las encuentro en internet”.
El asunto me motivó a otras reflexiones sobre esto que ocurre en el país de leyes de don Francisco de Paula Santander. En los debates legislativos, más que interesarse por las nuevas realidades sociales, coinciden las concepciones personales del Procurador y, lo más delicado, son emulados por los jueces al revisar la constitucionalidad de tales leyes, haciendo que el derecho se convierta en obstáculo para los cambios sociales.
Pero además, los congresistas y los magistrados, legislan y fallan, ahondando las ambigüedades normativas, como en el caso de la educación sexual, que prohíben la cátedra en la escuela primaria sin pronunciarse sobre los proyectos institucionales escolares exigidos por otras normas que reglamentan el mismo asunto pedagógico.
Esto hará que algunas escuelas prefieran la obediencia fácil a esas leyes que exoneran de responsabilidades, más que ejercer con ética la misión de educar integralmente al ser humano.
¿Quedarán sin piso los procesos disciplinarios contra docentes que enterados de hechos de violencia sexual familiar contra alguno de sus alumnos omitieren denunciarlos ante la Fiscalía? Roguemos que con tales posiciones medioevales, no les dé por también por censurar los excelentes textos de educación sexual dirigidos a la infancia.
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