La Contraria – Rubén E Hurtado

Fabio Cardozo

Estos días me llegó una bellísima nota de mi amigo Gustavo Cruz, evocando el fecundo paso por la esquina de la vida de Rubencho, un historiador de la Univalle, habitante de Siloé, que por asuntos del corazón, más que por la razón, terminó en las filas del M-19.

Rubencho, como muchos de esa generación de jóvenes caleños no fue ningún héroe en los tiempos de la guerra, pero sí en cambio, fue un gigante al lado de su comunidad. Imaginó el MIO cable 25 años antes que se hiciera, quería conectarlos además con los cerros del lado de “siloco”, que conformaran el paisaje que inspiró su vida.

Tal vez el hecho de vivir más cerca de las nubes le permitió ser un soñador empedernido; nos decía: esta loma es muy bonita, goza de un clima ideal y sus vientos nos refrescan el alma y las ideas, aquí podemos echar a andar una propuesta eco-turística, que le ofrezca oportunidades a los “pelaos” y les ayude a superar sus guerras intestinas.

Le alcanzó la gasolina para coronar el polideportivo de La Estrella que debería tener su nombre, agenció programas de vivienda popular, promovió procesos de autogestión en el mejoramiento de las vías y trochas que conectaran el vecindario de sus cuitas, sacó del vórtice de la violencia a decenas de jóvenes que encontraron en su prédica social y política la tabla de salvación.

Hace 15 años, después de haber firmado la paz, fue asesinado por sicarios paramilitares en la loma donde se enamoró, escuchó salsa, tuvo hijos y luchó para la eternidad. Hoy me inclino ante su entrañable recuerdo.

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