La constituyente de Petro

Pasados apenas unos días de la decisión presidencial que confirmó la destitución e inhabilidad del alcalde Petro, decretada por el Procurador, quiero detenerme en algunos asuntos a manera de corolario. Creo que tanto el Presidente Santos como Gustavo Petro y nuestra maleable democracia salieron perdiendo.

El Presidente decidió por puro cálculo político sacrificar una vieja tradición republicana de respetar las normas y los pactos internacionales, y de paso refrendar una sanción disciplinaria que a todas luces resultó desmedida.

Que tal que la Procuraduría con este mismo rasero sancionara a todos los gobernantes que cometen decisiones administrativas equivocadas, nos quedaríamos sin alcaldes y gobernadores.

Petro pierde más de lo que obviamente podríamos concluir. En su indignación por lo acontecido arremete contra todo lo existente, señalando incluso que el proceso de paz con el M19 había fracasado por la pérdida injusta de su alcaldía y además por la misma razón la paz con las Farc sería inviable. Según Petro, la única salida que tiene Colombia es una constituyente acordada entre él, las Farc y Uribe.

Una constituyente en las actuales condiciones políticas del país, poco cambiaría en su conformación con la del Congreso de la República actual.

Creo que la “democracia colombiana” no tiene la vocación para permitir que un gobierno de izquierda como el de Petro concluyera.

Petro y su gobierno fueron objeto de la más feroz de las intolerancias políticas. Los medios, los partidos políticos, contratistas, organismos de control, hasta agentes del gobierno central, conspiraron más por razones ideológicas y políticas que por críticas objetivas a la Bogotá Humana.

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