Si en Colombia fuéramos serios y apreciáramos de verdad los gravísimos problemas de desajustes institucionales que venimos padeciendo por cuenta de la Constitución del 91, ya habríamos en cualquiera de las crisis políticas convocado una Asamblea Nacional Constituyente.
Ha tenido que ser el Presidente del Senado, el que ha echado a andar por enésima vez esta idea, que ha sido calificada por muchos como improcedentes y por algunos como una cortina de humo para tapar los vacíos de liderazgo, que se evidencian en estos primeros 100 días del Presidente Duque.
Para el escritor Gardeazabal, quien ya comentó la escaramuza de Macías, identificándola como una propuesta elaborada en un lenguaje de campesino boyacense y obviamente si los registros académicos de los constitucionalistas que permanentemente viven patrocinando, con su sabiduría todas y cada una de las decenas de reformas que ha sufrido la constitución del 91.
A estos Constitucionalistas, se les ha olvidado decirle al país que los colombianos, tenemos la constitución más larga y profusa del mundo.
La Constituyente de Macías, tiene que correr el velo de una Constitución, que a pesar de ser tan larga quedó inconclusa, pues muchos de los puntos que como la ley de Reordenamiento Territorial por ejemplo, deberían cambiar el país se quedaron sin reglamentación.
Citar una nueva Constituyente ha sido bandera en el pasado reciente no solo de la extrema izquierda, sino de los partidos políticos del establecimiento.
La Constitución del 91, seguirá siendo sui generis en el mundo de las analogías Constitucionales, pero un verdadero dolor de cabeza que nos dejaron Álvaro Gómez, Navarro Wolf y Horacio Serpa.
miguelyusty46@hotmail.com
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