Luis Ángel Muñoz Zúñiga

La ciudad de los siete ríos

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Una lluvia pasajera el jueves en la mañana abrazó la ciudad y provocó nostalgias de los otrora siete ríos que inspiraban poesía.

Entonces, añoré los siete ríos con sus charcos que permitían lanzarnos en clavada y pescar barbudos y sardinas en los ecosistemas de sus orillas. Recordé que en la escuela nos parecían exageradas las lecturas de El río Cali y sus lamentos. Medio siglo después confirmo que ese fue un libro profético porque quién iba a pensar que llegaría el momento no sólo de ver un río convaleciente, sino temer el horror de rezarle un réquiem.

Un alcalde tuvo la sabia idea de nombrar a un secretario del río, pero lamentable que los demás no le imitasen.

Desafortunado también que La ciudad de los siete ríos, una publicación del entonces recién creado el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente, Dagma, quedase engavetada desde 1997 y hoy nuestros ríos endémicos afronten el fenómeno del Niño.

Esa investigación, condensada en 250 páginas, diagnosticó la calidad de las aguas, el estado de las riberas, el drenaje urbano, el uso del suelo, la vulnerabilidad y riesgos de sus cuencas. Pero pesó más la politiquería que las políticas ambientales, permitiendo a cambio de votos las invasiones y los asentamientos subnormales sobre sus riberas hasta legalizarse en la nomenclatura urbana.

¡Qué vergüenza, también hubo administradores responsables de que los ríos Meléndez y Cañaveralejo, de afluentes hidrográficos, terminasen entre alcantarillas subterraneas urbanas! Por favor, desengaveten a La ciudad de los siete ríos y tracen proyectos que eviten que la ciudad se muera de sed.

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