El género epistolar, tan poco utilizado en la actualidad, ha sido materia prima para los historiadores. En ocasiones una carta perdida ha descifrado un misterio, tal como lo narrara Poe en “La carta robada”.
Un personaje ha sido reivindicado. Una coyuntura política ha sido aclarada.
Escribir cartas hoy día en Colombia es casi que decirle al país que los debates deben tener un sello personal y no arreglos mediáticos.
El expresidente Uribe ha aprovechado la respuesta a una carta de Álvaro Leyva para contextualizar los argumentos de su polémica en torno a la forma como se está negociando con las Farc. Su misiva, extrañamente, ha coincidido con algunas respuestas de Fernando Savater en entrevista con Yamid Amat, donde afirma que las Farc fueron derrotadas durante el gobierno de Uribe y que no se puede negociar dándole garantías de impunidad y elegibilidad a los autores de crímenes atroces. Precisamente, esto es lo que le argumenta Uribe a Leyva.
La carta establece que en Colombia no ha existido conflicto sino un desafío terrorista. Que la negociación debe realizarse con cese unilateral del fuego.
Que el secuestro, tal como lo sostiene Antonio Caballero, es el elemento que diferencia una guerra de una conspiración terrorista.
Sostiene Uribe que los acuerdos, así como están elaborados, conducirán a “una paz armada” que marcará la naturaleza violenta del postconflicto.
Afirma el expresidente que “dos fines debería buscar este proceso: la garantía de No Repetición de la Violencia (…) y el respeto a la totalidad de los valores democráticos”.
Este documento, así no lo quiera el santismo, será de gran utilidad para darle seriedad al debate, que parece un perfume para darle ambiente al narcoterrorismo y a la impunidad.
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