La cabalgata

Otra polémica suscitó la muerte de una caballista durante la cabalgata de la feria de Cali. El accidente sirvió de pretexto para que nuevamente algunos  afirmaran que la cabalgata debe acabarse porque es una herencia traqueta, se ven pintas lobas y va en contravía de lo que significa ser una ciudad moderna. No estoy de acuerdo, la cabalgata debe seguir pero debe hacerse bien. La cabalgata hace parte de las tradiciones de Cali y es precisamente el gusto por este evento el que lo desborda. La cabalgata padece del síndrome del exceso de éxito. Hace un año al  alumbrado le pasó lo mismo y no se hizo porque a la administración le parecía pachuco, costoso y porque generaba congestión en un importante sector de la ciudad, no tuvo en cuenta que era un evento que congregaba a más de un millón de personas. Esta ocasión se realizó con una estética diferente y bien organizado para el disfrute de todos los caleños. La cabalgata es lo mismo, un evento masivo, multitudinario que disfruta la mayoría. La cabalgata hay que regularla y controlarla. El primer aspecto que hay que limitar es el número y la calidad de los jinetes, 4.000 es una exageración. A la cabalgata no pueden salir caballistas ocasionales. ¿Se imaginan el salsódromo con 4.000 bailarines y que todos pudiéramos salir a desfilar? También sería caótico. Este año se tomaron medidas que funcionaron. Lo cierto es que de no haber sido por el accidente habría sido catalogado como un evento exitoso. No perdamos de vista que ese no es el único muerto que deja la feria. Si por eso fuera tendríamos que cancelar toda la celebración, no solamente los eventos que les disgustan a unos. La obligación de las administraciones es hacer que las cosas funcionen. Ojalá no le pase a Cali lo que a Bogotá con su temporada taurina.

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