De manera increíble algunos sectores en nuestro país han vivido bajo “el confort” de la guerra, al fin y al cabo, son otros sectores los que la padecen directamente. Bajo la guerra se amasaron fortunas, se crearon impuestos, se apuntalaron liderazgos y se estrechó la democracia. La democracia entre poquitos, pareciera su lema.
La invitación de los guerrilleros a desmovilizarse, a hacer la paz, fue solo un discurso, predicado por estos sectores que creyeron que esta posibilidad jamás se iba a concretar, por tal razón, son quienes hoy se restean contra todo lo que pueda consolidar el proyecto de paz propuesto en el acuerdo pactado. Bajo su perversa lógica esta paz les descuadernaría todo, en especial sus negocios, por cuanto ¿a quién le podría importar en medio de semejante balacera que unos señores estén saqueando el país, que lo estén vendiendo a compañías extranjeras para que lo destripen y extraigan de sus entrañas riquezas, mientras al tiempo causan daños ambientales irreparables?; ¿A quién le puede importar en medio de esta barbarie que en Colombia la democracia haya sido reemplazada por un sistema de favores, repartijas y latrocinios que consolidaron en el pináculo de nuestra sociedad unas roscas capaces de incendiar el país, con tal de salvaguardar sus pequeños intereses?
Tocará, entonces, enfrentar los fallos que pretenden exculparles de su principalísima responsabilidad en la tragedia nacional, la dilución del quórum parlamentario como sórdido recurso para evitar el reto democrático de tramitar unas reformas que apuntan a superar la atávica sin salida nacional de odios y desesperanza.
De esta zona de confort tendrán que salir, porque paz va a haber.
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