Justicia selectiva

Rodrigo Fernández Chois

“Lo divino y lo humano” es una expresión que dilucida la diferencia entre temas que se encuentran por fuera de la subjetividad humana con aquellos en los que esta gobierna de manera escabrosa e impredecible.

Darwin, el padre de la Teoría de la Evolución, lo tenía claro y por esta razón no aceptó que el padre del socialismo, Carlos Marx, le dedicara su magna obra. Para Darwin una cosa era la Selección Natural biológica que permite la supervivencia del individuo en un proceso evolutivo no regido por órdenes prestablecidos o conceptos de bueno y malo; y otra cosa diferente, una “supuesta” selección financiera del más hábil basada en intereses económicos de un capital que enarbola las banderas del egoísmo humano.

El hombre, dueño de un criterio que no es la imagen y semejanza de su superior, suele meter baza en su mundo y honrar juicios de valor para decidir lo que es bueno y malo. No es extraño entonces que para muchos la economía, con su proceso de asignación de recursos escasos, sea una especie de selección; y sí, en verdad lo es, pero nunca natural y jamás divina.

Incluso en el terreno biológico el homo sapiens ha intervenido pretendiendo mejorarlo todo. La ingeniería genética le brinda al amo de la creación la posibilidad de crear su estético superhombre… pero que sobreviva en un planeta herido es otra cosa.

Finalizo mi nota: hoy por cuenta del llamado “Cartel de la Toga”, nos encontramos con otro ejemplo de selección artificial. Debo confesar que jamás, en mis peores pesadillas distópicas, imaginé una justicia selectiva y contrahecha para beneficio de intereses particulares.

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