Algunos teóricos lo conceptúan como el juego de acciones sobre otras acciones porque sus acciones incitan, inducen y seducen o también como la posibilidad de subyugar o ser sometido a través de argumentos amañados, intimidaciones o la fuerza, además está diseminado en todas las prácticas sociales. De igual manera, como en un buen montaje escénico el ejercicio del poder, requiere de elementos propios como las construcciones, el vestuario, los ornamentos y el comportamiento ceremonial de quien individualmente lo asume como propio ante la mayoría; aun así regularmente las pujas por el poder pasan inadvertidas.
Así encontramos estas confrontaciones desde las JAC, estructuras básicas de la participación, continuando por los concejos y asambleas hasta finalizar en las cortes, la Procuraduría y el Congreso en donde el país político escenifica los mayores enfrentamientos, lejos del clamor y las necesidades del ciudadano común.
Pruebas simples son las lentas decisiones en la refinanciación del sistema masivo de transporte, las indefiniciones ante la construcción de nueva infraestructura de malla vial, o las indeterminaciones sobre las nuevas fuentes de agua para Cali, donde antes de asumirse soluciones primero se garantizan las retribuciones de los principales accionantes del poder.
A nivel nacional las recientes pujas por la fiscalía y la anulación de la reelección del procurador con un tufillo de enfrentamiento en torno al Sí o el No del plebiscito por la paz, son una demostración de hasta donde se llega por controlar el poder aunque se desestime el interés patrio.
Sin duda, la frase del expresidente Echandia “El poder para qué” es una mordaz cualificación de cuanto encierra luchar por el control del poder.
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