James, entre Pelé y Maradona

Hay que reconocerle a James Rodríguez que es goleador mundialista y que empieza una historia profesional futbolera sólo alcanzable por genios de la talla de Pelé y Maradona.

Pero preocupa que con él vayamos a caer en una actitud fanática de endiosamiento, porque cuando a los talentosos se les rinde culto peligra que los transformemos en héroes de papel o en dioses con pies de barro.

Es refutable la tesis de Mario Vargas Llosa cuando afirma que el fútbol es el menos enajenante de los cultos y que la deidad del genio del balompié dura lo que su talento futbolístico.

¿Será cierta la tesis del Nobel peruano en el sentido de que las virtudes de un futbolista difícilmente pueden ser asociadas a posturas perniciosas, a conductas socialmente reprochables y que admirarlo sólo sea comparable con lo que ocurre con la poesía pura o con una pintura abstracta, porque tal como sucede con los artistas, a los jugadores sólo les admiramos su agilidad, su destreza y su genialidad?

Antes de alguna respuesta miremos las historias ejemplares de los dos astros del siglo XX, aunque explicables porque por ser oriundos de contextos sociales particulares y emerger en épocas diferentes de contaminación, para ellos se propiciaron circunstancias para que trascendieran de manera opuesta.

El “Rey” Pelé, considerado el mejor jugador del siglo XX, es ejemplo auténtico del hombre íntegro que continuó con la modestia que lo caracterizó desde los inicios, conservándose como el ícono de la rectitud, la caballerosidad y la integridad, aún tiempo después de cumplir su genial ciclo deportivo.

Qué distinta fue la historia del “Pelusa”, a quien parte de su fanaticada ahora lo adora en altares.

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