Gabriel García Márquez es el compatriota más importante en el mundo de las letras del siglo XX y fue el gran defensor de los derechos humanos a nivel internacional durante la década del setenta. Sin embargo, ha sido la persona objeto de las ingratitudes más injustas. Gabo fue acusado de plagio por un colega, Premio Nobel. Fue víctima de agresión física por parte de su mejor amigo. Se exilió por las amenazas del grupo paramilitar MAS. Es señalado de falta de nacionalismo por radicarse en otro país, tildado de derechista por los grupos de oposición y de subversivo por el oficialismo. Mientras que la Real Academia Española de la Lengua lo equipara con Miguel de Cervantes Saavedra, a los colombianos nos distingue el escepticismo frente a su universalidad literaria.
Miguel Ángel Asturias publicó el 4 de julio de 1971, en el suplemento México en La Cultura, que “Cien Años de Soledad es un plagio de La Recherche de I‘absulu de Balzac”. Pero los ensayos de la crítica literaria reconocen la grandeza de Gabo representada por su novela total que deslumbra como la obra original que fusiona el mito y la historia latinoamericana. Mario Vargas Llosa, contertulio suyo, en 1976, en el Palacio Bellas Artes de México, le propinó un injusto puñetazo. Para economizar espacio, omito inventariar más ingratitudes y mejor propongo un desagravio, promoviendo la lectura de Cien Años de Soledad, para que las nuevas generaciones entre sus páginas hallen esa identidad cultural que les hace falta. Apologías para Gabriel García Márquez y que la Divina Providencia le conceda más de cien años de salubridad.
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