Para nadie es un secreto que en Colombia hemos vivido históricamente procesos profundamente complejos que yacen desde la estructura misma de la conformación del territorio como nación, una nación completamente particular, con características muy singulares, motivo por el cual, David Bushnell, calificó a nuestro país como “una nación a pesar de sí misma”.
Esta complejidad a su vez ha estado acompañada de una violencia constante durante toda la vida republicana de nuestro país, situación que ha tenido diversos orígenes pero que tienen algunos factores comunes entre ellos: falta de presencia efectiva del Estado en gran parte del territorio, exclusión política y económica, población sin educación, inequitativa distribución de la tierra y por ende pobreza generalizada exacerbada por una profunda desigualdad social.
Los colombianos entonces, hemos “aprendido”, o mejor, nos hemos “adaptado” a convivir con la violencia, lo que a su vez ha marcado nuestra manera de actuar y pensar.
Cuando las personas y sucesivamente el colectivo se ve avocado a vivir en condiciones de tensión, con una alta posibilidad de ser alcanzados por la violencia física, naturalmente su espíritu y por ende su actitud, se convierte en un escenario defensivo o en su defecto agresivo, lo que no necesariamente se deba traducir, en general, en agresión física, pero si claramente en una incapacidad por parte del individuo de aceptar divergencias y puntos de pensamiento diferentes a los previamente concebidos por el sujeto en sí mismo.
En nuestro país ha primado históricamente, posiblemente como resultado de esa crisis constante que ha vivido nuestro territorio, un pensamiento en pro del status quo, un pensamiento y actuar muy conservador especialmente al momento de ejercer el “derecho al voto”, donde las personas han preferido “mantener ese orden ya establecido” debido a la dificultad para conseguir lo poco que han alcanzado en medio de las condiciones adversas, es decir, históricamente han optado por el adagio popular “mejor malo conocido que bueno por conocer”, un refrán que se puede evidenciar en el corte de los presidentes que han dirigido esta bella nación a través de los tiempos.
Sin embargo, en los últimos quince años, los sectores alternativos han comenzado a florecer tardíamente en el país, trayendo consigo a diferencia de intentos pasados, lograr poner en la palestra pública un punto de vista diferente frente a lo que debe ser el desarrollo económico y social de Colombia.
Esta germinación, si bien hace mucho provecho para el fortalecimiento de la democracia, no ha estado exenta de problemas, unas dificultades que se han acentuado especialmente en el último lustro, ya que fieles a nuestra historia, la diferencia de pensamiento ha exacerbado los ánimos y por ende ha radicalizado las posturas tanto de los sectores alternativos como de los tradicionales de la política nacional.
A su vez el colombiano de “a pie” no ha sido ajeno a esta situación. Nuestro país no ha tenido nunca la oportunidad real de tener escenarios que promuevan una verdadera confrontación pacífica para el debate de las ideas, por lo tanto, el ciudadano común no está acostumbrado a esta realidad.
Es tan poca la costumbre del elector promedio, que basta con opinar públicamente diferente para así ser objeto de improperios e incluso de calificativos fuera de contexto. Es tanta la ignorancia de nosotros los colombianos en este caso, que una sola divergencia de opinión es suficiente para calificar al individuo de “mamerto socialista” o en su defecto de “fascista”.
Es momento de hacer un alto en el camino como sociedad, de respirar profundo y escuchar ideas, estoy seguro que ningún camino es completamente el correcto, pero si cada uno de nosotros le damos la oportunidad a nuestro país de tener un debate rico en argumentos y pobre en improperios, seguramente podremos comenzar a cambiar la historia del mismo.
El hecho que no se esté de acuerdo con un gobierno de turno o con un político en particular, no hace a una persona guerrillera o paramilitar, es momento de reflexionar como individuos para así permear la sociedad, ya que de esta forma es la única vía para dejar atrás de una vez por todas ese pasado marcado por la intolerancia.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar





