El Teatro al aire libre Los Cristales se llena totalmente por citadinos que llegan a escuchar al grupo chileno Inti Illimani. Esa respuesta indica que la música andina es la riqueza cultural ancestral indoamericana viva a pesar de empezar hace medio milenio la conquista, tres siglos la colonia y dos décadas la postmodernidad.
Ni la academia de los Conservatorios, ni la música comercial, ni el rock, ni la salsa y el reguetón, impedirán que se remuevan las entrañas de los hombres citadinos cuando los grupos andinos soplen, percuten y rasguen sus instrumentos. Escuchar grupos andinos en cualquier escenario urbano, provoca una catarsis colectiva cuando el público percibe los sonidos del viento, la armonía del agua, el trinar de los pájaros y los colores de la naturaleza.
Más que los mitos y los dialectos, la música andina representa el nivel más perfecto de la tradición oral. Los carnavalitos, las cuecas, los huaynos y las tonadas, seducen todos los oídos y por osmosis remueve los talentos humanos capaces de hacer sonar los instrumentos.
Lo comprueba Miguel Humberto Cuaichar con Semillas del INEM, grupo andino integrado por jóvenes citadinos que aprendieron a hacer sonar los tambores, las flautas, las zampoñas y los charangos. La música andina también es lenguaje ancestral continental capaz de unir los pueblos del continente, lo comprueba el peruano Aldo Ávila que al hallar en nuestros paisajes una belleza similar a la inca, decidió quedarse en estos pueblos de Los Farallones para cumplir la misión de sembrar más grupos de música andina coadyuvando con la hermandad latinoamericana. Bienvenido Inti Illimani.
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