Inseguridad

Leonardo Medina Patiño

Aunque suene a tema trillado, aunque parezca echarle sal a la herida, aunque sé que nada cambiará con estas líneas, es necesario hablar y escribir del asunto para tratar de que llegue a oídos de las autoridades: llámese alcalde (que, al parecer, para él todo anda bien); al comandante de la policía metropolitana, al asesor de seguridad de la alcaldía, a quien se le pegó la misma percepción del alcalde.

La ciudadanía ha elevado quejas ante medios y protestan con energía, pero nada de eso conmueve a las autoridades para atacar la problemática con rigor.

Se trata de la seguridad o mejor la inseguridad que se vive y se palpa en la ciudad, como nunca antes. Hay angustia ciudadana ante la indefensión, tanto que en diciembre “el pulpo” Vieira twitteó pidiendo mayor seguridad. Parecía incluso que se le hubiera ido la mano en el mensaje.

La última encuesta de “Cali, cómo vamos”, entregada a finales de 2017, demostró que la ciudadanía caleña se siente insegura en su barrio (32%) y en la ciudad (38%), pero al parecer nada pasa…

Reportan los medios que esta misma semana que concluye, en un solo día se hurtaron 11 vehículos entre carros y motos. Lo cual, por supuesto, generaría alarmas en cualquier país, pero seguimos en silencio y los responsables de la seguridad consideran que al requerírseles resultados, se les está atacando.

Otra perla es que no había pasado un mes del hurto a clientes en “Juan Valdez” del barrio Granada, que incluso, por ese hecho atroz, el presidente de dicha empresa canceló su visita ese día a Cali, cuando surge otro hurto similar en un restaurante en el bello barrio de El Peñón.

Escuché a líderes comunales decir que están cansados de pedir que haya más policía rondando el sector, que ya se sabe más o menos las horas de los hurtos, en fin. Pero la respuesta de la policía frente a por qué no reaccionó oportunamente fue que – según lo divulgó un medio radial- a esa hora estaban en cambio de turno.

Esa nefasta respuesta me hizo recordar que existió una norma en Colombia que establecía que solo se podían hacer allanamientos por partes de las autoridades en horas hábiles, como si los bandidos trabajaran a esa misma marcha.

¡Estamos en Macondo!

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