Injusticia judicial

Carlos H. Andrade

A cargo de ser reiterativo, vuelvo, sobre los obstáculos jurídicos, económicos, político-sociales, culturales y hasta sicológicos que  imposibilitan el acceso de los ciudadanos al aparato judicial.

No ha servido el gigantismo jurisdiccional, las tutelas, las formas conciliatorias, para remediar esa vieja justicia judicial disfuncional, deficitaria, complicada, dispendiosa, inconducente, inútil y costosa. En el costo se ha integrado la “coima” para asegurar fallos favorables y para ello existen abogados dedicados a este tipo de “lobby” como una notoria “especialidad”. Los “Pachecos” abundan en ese centro de corrupción que es Bogotá, donde todo se compra y se vende sin excluir las “sentencias”.

Como decía Calamandrei: “una buena justicia depende de los hombres y no de las leyes”. Y si las cosas andan mal en la justicia, es porque los jueces y magistrados la están haciendo mal, salvo excepciones, claro está. Los malos jueces y los malos abogados causan más daño que todos los delincuentes juntos.

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