¿Cuánto me gano para saber cuánto me puedo gastar? Es un ejercicio de finanzas elementales que hacemos las personas y las empresas.
Para el común de los mortales hacerlo a la inversa es imposible porque los ingresos no son de “caucho”.
Los presupuestos de las empresas, sin importar su tamaño, parten de un estudio serio de sus posibilidades de ventas a partir de las características de sus mercados, de sus clientes y de la competencia.
En las familias ni se diga. La sumatoria de los salarios determina el tope de sus gastos.
Entonces, ¿Cómo entender que un gobierno haga y apruebe un presupuesto que no puede financiar? Eso es lo que acaban de hacer el Gobierno y el Congreso.
Aprobaron un presupuesto con 14 billones de pesos en gastos por encima de sus ingresos. No hicieron cuentas alegres sino irresponsables. ¿Con qué cara critican al gobierno anterior por derrochador y cometen semejante atropello? La diferencia entre el Estado y las empresas o las personas es que las dos últimas no pueden “encuellar” a sus clientes o a sus jefes para subir los ingresos a su antojo.
El Gobierno sí puede. No me cabe la menor duda de que las intenciones son buenas pero la realidad es diferente.
El aumento del IVA y de los rangos de renta para empleados pone a la clase media en una situación difícil. Una clase a la que también han apelado los gobiernos locales y departamentales.
Recordemos la sobretasa a la gasolina, las miles de estampillas, los ajustes catastrales, el aumento de los prediales, los cobros por valorización y hasta la sobretasa a la energía que nos han aplicado en los años recientes. ¿Hasta cuánto?
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