Ingratitud en la administración pública

Carlos Cuervo

La reciente discusión sobre las conveniencias o no del viaje de la Gobernadora a los Olímpicos en Río, demostró que para los funcionarios no existe la menor tolerancia en torno a sus desaciertos aunque antes medie el esfuerzo y la gestión. La opinión pública olvida los esfuerzos laborales de quien hoy en día rige el destino de los vallecaucanos, porque tras ocho meses de labores no cabe duda que esta señora al menos trabaja junto al staff de 6:00 A.M. A 8:00 P.M.

Por estos días conversaba con un funcionario de la administración municipal sobre lo ingrato que resultaba caer en la mira de alguna de las instituciones de control solo por hacer gestión administrativa, vicisitud que atenta contra la probabilidad de emplear personas del sector privado en el público.

El caso merece ser divulgado en la búsqueda de justicia para el incriminado. Se trataba de su predecesor a quien la Contraloría abrió una investigación porque abonó a una institución educativa en un pago el equivalente a la tercera parte del desembolso del año, lo que a juicio de los funcionarios del ente de control significaba existencia de dolo.

La historia versaba sobre los desembolsos iniciales del año no realizados por lo complejo de la tramitología la cual al comienzo del ciclo dilata cualquier pago.

De esta manera un funcionario, quien deseaba contribuir para que los niños de una barriada pobre pudieran continuar con su educación académica y artística, se transformó en el infractor del laborioso sistema de contratación pública. Queda por reflexionar si por cumplir con el deber se justifica someterse a semejante tribulación.

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