El gobierno central madrileño se ha excedido en todo al impedir la votación del referéndum independentista, influir sobre el Tribunal Constitucional y tratar de convertir en delincuente al presidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont, indagar a los alcaldes, congelar las cuentas, cerrar parte de las escuelas donde funcionarían los puestos de votación y demás actos de interferencia.
Habría sido preferible dejar votar a los catalanes y así no se hubiera despertado el nacionalismo que la represión desató. Estuve durante en julio en España y los días que permanecí en Barcelona percibí que la gente pedía más autonomía, pero no simpatizaban con la corriente independentista.
Entonces, negar un mecanismo de participación popular que la Democracia proporciona fue cerrar los espacios que la misma constitución tiene.
Retirar las urnas con la Policía Nacional y la Guardia Civil, provocó la reacción de la gente que, incluso muchos habían ido a dormir desde dos días atrás, a las escuelas donde se programaron los puestos electorales: la represión hizo ocurrir algo surrealista.
La utilización de la fuerza pública fue extralimitada porque el independentismo que se reclama es un derecho parecido a la consulta y de manera electoral.
Una arbitrariedad mayúscula como sacaron a la gente con desdén como si fueran basura, arrastrándolos del cabello, tirándolos como objetos inservibles, o a punta de empujones.
Que imágenes tan dolorosas hemos visto en los videos. Es un absurdo que golpeen a los ciudadanos que van a votar desarmados. No consideraron que la gente fue a votar en calma, sin agresión, sin armas : No a la manera Etarra, que lo hacían con terrorismo. Los catalanes están reclamando su independencia. Paradójicamente la solicitud de más Democracia llevó a una alta tensión.
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