Hugo E. Gamboa Cabrera

¡Increíble!

Hugo E. Gamboa Cabrera

Lo que sucede en Venezuela —nuestro país hermano- es penoso, vergonzoso y degradante. Desde Hugo Chávez, ese país empezó a padecer los rigores de una ideología falsa, esa que aparece con cara de yo no fui, que se apodera del Estado gracias al populismo al cual muchos seres humanos le comen cuento, una ideología que utiliza el subterfugio intelectual para denigrar de quienes dan empleo y cuyos promotores posan de ser los cultores de la honestidad y la moral, cuando la historia nos muestra otra cosa.

Chávez fue el precursor de la desgracia que viven sus compatriotas y Maduro, impuesto desde Cuba como su sucesor, ha sido el terrible continuador, junto al tenebroso Diosdado Cabello, presidente del congreso, de una obra de gobierno mefistofélica.

Es un gobierno que aplica las mismas técnicas de la Rusia de Stalin y de toda la cortina de hierro, sin mencionar la China de Mao, donde no se movía una hoja sin que la dirigencia se enterara. Ese sistema donde solo pueden ser ricos los que pertenecen a la élite gobernante. De allí para abajo, solo se permite pobreza y sacrificio, sin derecho a poseer nada, porque todo pasa a manos no del Estado, sino de quienes tienen el poder.

Lo triste es que ni la OEA, organismo paquidérmico sacado a patadas de Venezuela en la época de César Gaviria, ni los organismos de derechos humanos ni ningún país, salvo tibias declaraciones, han tenido la responsabilidad de exigirle al sátrapa chamo respeto a la oposición y respeto a sus ciudadanos. No hay derecho a tanto silencio. Parece que los petrodólares de Chávez siguen haciendo mella en algunos gobiernos corruptos y cobardes.

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