Dentro de las calamidades que nos inundan a los colombianos quiero destacar dos: la salud y el Fiscal general. La primera, siendo un negocio lucrativo pero injusto, sigue teniendo en jaque un derecho fundamental, gracias a la debilidad de los organismos encargados de vigilar y controlar.
Todos los días nuestros compatriotas se quejan o se mueren por el incumplimiento en la atención debida y en la entrega de medicamentos.
El Superintendente del ramo se hace el pendejo ante la muralla china que existe entre el paciente y la salud. Y el ministro Alejandro Gaviria, columnista crítico de los gobiernos antes de ser funcionario público, amplió la “cobertura” pero mira para otro lado ante la negación sistemática del servicio. Se les olvida a estos carajos el resentimiento que causan estos desafueros. Así no se puede vivir en paz.
En cuanto al abogado Montealegre, es doloroso ver como aplica “justicia”. Se opuso a declarar crimen de lesa humanidad el de Álvaro Gómez Hurtado, solo porque los involucrados son “importantes” amigos y copartidarios suyos. Se hizo el bobo en la investigación de Carlos Palacino, dueño de Saludpcoop, porque este le pagó muchos millones por unas asesorías jurídicas.
El tipo vive feliz en Miami. Le pagó a su “amiga” Natalia “Springer” unos contratos leoninos y la homenajeó con una medalla, sin que nada le pasara, dejando al país burlado y humillado.
Con razón la poeta Piedad Bonnet escribió: “En aras de verdadera paz, es prioritario empezar a romper la cadena de descomposición social, a ver si recuperamos algún día la fe que hemos perdido en las instituciones.”
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