Hinchas vesánicos

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Antes, jamás la alegría conllevaba al suicidio colectivo. Los seres humanos tenemos instinto de conservación que se opone a cualquier circunstancia atentatoria contra la vida. Nos alejamos del enemigo y huimos del peligro. Pero ante la pandemia letal del Covid-19, muchos americanos olvidaron que para conservar la vida debían cumplir con unos protocolos mínimos. Quienes compartieron la euforia y, las demás personas, debieron rechazar enérgicamente la indisciplina social en la celebración de la nueva estrella.

Otrora me contaba entre quienes consideraban alienante el futbol, pero tras una autocrítica contra el sectarismo ideológico, decidí escribir apologías a “La mechita” y aplaudí los futbolistas que brillaban en las canchas europeas. Pero las celebraciones recientes de la final futbolera me demostraron que no estuve del todo equivocado: los hinchas en un momento dado son alienados, que llegan al estado de no temer la muerte. Ellos sin distanciamiento y sin tapabocas: gritaban, sudaban, se abrazaban, se besaban y compartían trago.

Ni siquiera la presencia del diablo en el escudo hizo reaflexionar a los americanos sobre que el Covid-19, un enemigo común que sin distinción podía llevar a los infiernos a los americanos o a los santafereños. En 1970, Carlos Lleras Restrepo, cuando se aproximaba un inminente triunfo del general Rojas Pinilla, mediante toque de queda nos mandó a dormir para evitar la reacción por los resultados electorales. Pero el toque de queda como medida saludable decretada en diciembre perdió seriedad. Por eso en próximas fechas de eliminatoria al Mundial Qatar 2022, el toque de queda deberá decretarse antes de cada partido, sino será ineficaz el control del patriotismo vesánico.

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