Lo que le sucedió a una amiga la semana pasada me hizo pensar si hay falsos accidentes de tránsito en Cali.
En un cruce de gran congestión, sorpresivamente una moto se cayó al lado de su carro. Según su versión, ella no la golpeó y el vehículo no presenta ni el más mínimo rayón.
Instantáneamente aparecieron en el lugar un guarda de tránsito y tres testigos que gritaban que la señora lo había atropellado e intentado volarse. Los buenos samaritanos permanecieron en el lugar dos horas, hasta cuando la aseguradora les pidió permiso para tomarles una foto, la cédula y sus direcciones.
En ese momento los testigos desaparecieron, el guarda dijo que él no puede llevar el caso y que debían esperar otro uniformado. El segundo guarda no encontró herido ni testigos, por lo tanto no hizo croquis. Sin embargo, ordenó que la grúa levantara el carro y que la conductora fuera a la clínica en la que se encontraba el herido.
En el centro hospitalario, el motociclista ya había sido dado de alta, pues no presentaba más que dos raspaduras. En ese momento el guarda le informó a la propietaria del vehículo que debía “arreglar” con el motociclista y con la grúa, que se hallaba en la clínica, para entregarle su carro.
Como desenlace de esta historia, mi amiga tuvo que pagarle al motociclista $400.000 y al conductor de la grúa $200.000. Me pregunto: ¿Por qué dos guardas? ¿Tres ciudadanos que se quedan en el sitio dos horas y luego desaparecen de repente? ¿Por qué la grúa lleva el carro a la clínica y no a los patios? Este episodio no es la única historia extraña en torno al tránsito, los guardas, las grúas y las ambulancias. En Cali se están presentando falsos accidentes.
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