Hugo E. Gamboa Cabrera

Hacia dónde vamos

Hugo E. Gamboa Cabrera

Soy un convencido de que las instrucciones de cómo convertir a Venezuela en un estado de izquierda radical, que Fidel Castro le dio a Hugo Chávez cuando este llegó a la presidencia, se cumple en Nicaragua.

En Argentina la Kishner no ha podido, seguramente no supo cooptar a los militares, pese a que los argentinos la reeligieron a través de un tal Alberto Fernández, sin importarles la corrupción galopante y a que la economía ha sido manejada desastrosamente.

Parece que allá no le “jalan” más a ese sistema y, según parece, han puesto sus ojos nuevamente, en Macri, quién llegaría otra vez al poder con más madurez política y a imponer orden democrático.

En Ecuador, su pueblo se dio cuenta que Rafael Correa los llevaba a lo peor y lo exiliaron a Bélgica, donde nació su esposa.

Ecuador poco a poco logra mejores condiciones pese a que algunos amigos de Correa tratan de alebrestar a los indígenas a ver si logran recuperar lo que perdieron.

En Colombia, se está cumpliendo lo que se propuso Juan Manuel Santos, alumno adelantado de su primo lejano el sacerdote Camilo Torres, quien murió en un combate del ejército colombiano con el ELN.

Es innegable que Santos fue un caballo de Troya en las huestes de Álvaro Uribe Vélez, quién le creyó pese a la oposición de Pachito Santos, primo de Juampa y quién lo conoce desde pequeño.

Juan Manuel logró su propósito y ya establecido en el poder, impuso lo que la izquierda del Foro de Sao Paulo estableció: un proceso de paz con el beneplácito del país pero, como el país se lo negó, le importó un bledo.

Lo impuso con políticos saltimbanquis, con Cortes cooptadas previamente, con militares “extrañamente” convencidos y con unos asesores internacionales del Foro brasilero y del Psoe español.

De todo eso se desprendió una comisión de la verdad dirigido por un reconocido cura jesuita, imbuido desde años atrás, junto a una exalcaldesa—Gloria Cuartas—en la izquierda que se movía en la selva colombiana- También una justicia paralela—JEP–, conformada, en gran parte, por gente de la izquierda y con instrucciones precisas de hacer ruido sin que ese ruido conllevara ni verdad, ni rutas y, menos victimarios.

Ese cometido, ese propósito, claritos como el agua, se realizó hace pocos días. Sus resultados, sigilosos, paulatinos, de manera inteligente, indudablemente, empiezan a funcionar. Será el tiempo el que nos dé la razón. Por eso felicito a Roy Barreras, por astuto, por adelantado, porque sabe o, sabía, lo que está por venir, actuando como el Robespierre criollo.

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