Diario Occidente

¿Habrá sorpresa electoral?

Víctor Manuel García

El próximo domingo 29 de mayo se llevará a cabo una de las más difíciles elecciones presidenciales de las últimas décadas en materia política, de seguridad, de amenazas y desafíos sociales, del contexto internacional global y regional y por supuesto económicas.

De igual forma y tristemente hemos presenciado un proceso proselitista con abundancia de improperios y ataques personales entre los candidatos, en cuyo debate ha primado la banalidad de la emoción causada a partir de la polarización y las resistencias viscerales que esta ha provocado en los extremos de la política de nuestro país, en detrimento de la posibilidad de construcción de debates con altura a partir de la exposición de propuestas encaminadas al abordaje de la solución de las diferentes problemáticas del territorio.

Son escasas las claridades sobre la visión del país y la hoja de ruta en materia interna e internacional de Colombia para el cuatrienio 2022-2026, más aún, teniendo en cuenta las múltiples amenazas y desafíos que enfrenta nuestro país en ambos escenarios, pasando por los ya tristemente tradicionales en nuestro territorio como lo son el retorno de la violencia rural, la corrupción estructural, el desafío post-covid, la inflación desbordada, hasta la integridad territorial con el caso Nicaragua.

En un ambiente polarizado como el actual, es normal que dos extremos se enfrenten entre sí de cara a la decisión y elección sobre el rumbo que debe tomar Colombia en el próximo cuatrienio, generando en el proceso un ambiente enrarecido y con unas “líneas grises” peligrosas que pueden afectar la estabilidad política del país.

Ejemplo de esto, es que en una democracia consolidada y seria, no deberían verse las imágenes de un candidato presidencial asistiendo a actividades públicas con ejercicios en tarima, con escudos y chalecos blindados a su alrededor. Una imagen completamente inadmisible independientemente si el ciudadano se encuentra de acuerdo o no con sus posturas ideológicas.

Tampoco en la historia reciente, la institucionalidad del país, representada en sus entes de control (Procuraduría, Fiscalía y Contraloría) y en los organismos responsables del ejercicio electoral (Registraduría y Consejo Nacional Electoral), había atravesado una crisis de credibilidad como la que actualmente estamos presenciado.

Todo este ambiente enrarecido, con una crisis institucional sin precedentes en nuestra historia reciente y la agresividad superficial de las campañas presidenciales que enmarcan ideas opuestas en materia de desarrollo social y económico, sin duda, han socavado la resistencia política de muchos ciudadanos del “común”, quienes en muchos casos sienten hastío frente al ejercicio político-electoral colombiano.

A partir de este desgaste político y ese sentimiento de rechazo hacia el actual contexto que se está presenciado en la campaña electoral, cuyo origen se remonta a la férrea oposición del expresidente Uribe al proceso de paz adelantado por el expresidente Juan Manuel Santos, se planteó inicialmente la construcción de procesos de “tercería política de centro” para brindar una opción distinta a los electores colombianos.

Inicialmente el ejercicio denominado la “Coalición de la Esperanza”, parecía convertirse en esa posibilidad, sin embargo, por sus múltiples y profundas diferencias internas, así como a la histórica y demostrada incapacidad de “trabajar en equipo” de dos de sus integrantes (Robledo y Betancourt), esa apuesta naufragó a mitad de camino.

Sin embargo, y debido al incremento de tono de las dos campañas, que según las encuestadoras lideran la intención de voto, en las últimas dos semanas han dado vida a otra tercería que parecía resignada a ser un simple ejercicio enmarcado en un proceso de adhesión y negociación de cara a una segunda vuelta, Rodolfo Hernández.

Hernández, con un tono sencillo, vehemente, desafiante y con unas propuestas, hay que decirlo con un alto grado de populismo e inviabilidad, en la recta final se comienza a perfilar como esa posibilidad en un posible detrimento de los intereses de la campaña de Federico Gutiérrez.

Este “perfilamiento” se da a partir del desgaste político de la ciudadanía que ve en Rodolfo la posibilidad de generar un voto “rechazo” y quien, sin lugar a dudas, si el tiempo le alcanza (su principal factor en contra), para seguir la “remontada” y colarse en la segunda vuelta, tiene una gran posibilidad de convertirse inesperadamente en presidente de este país.

Estamos a solo una semana de la primera vuelta y la incertidumbre se siembra en quien va a acompañar a Gustavo Petro en esa muy probable segunda vuelta que se llevará a cabo en junio, una incertidumbre que se traduce en nerviosismo especialmente en las campañas de Federico Gutiérrez y de Hernández, porque, así como está el contexto y como se ha ido gestando el proceso electoral, los colombianos podríamos presenciar una sorpresa electoral.

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