Muchos calificativos escuché en estas dos semanas frente a los presuntos hechos de corrupción que involucran a exmagistrados de la Corte Suprema. Se comenta que el país tocó fondo y que no existían índices de corrupción tan altos en la justicia como ahora, aunque la historia de Colombia está enmarcada por hechos de corrupción.
Cabe recordar la célebre expresión del entonces presidente Julio César Turbay, al manifestar que hay que “reducir la corrupción a sus justas proporciones”. Cada caso nos parece más grave que el anterior. A los recientes procesos de Odebretch, la captura de funcionarios del Meta y Reficar, se suman hechos escandalosos que podrían contarse por décadas, años o meses.
Diferentes propuestas, comisiones y frentes se han formado para combatir la corrupción, ahora se propone hacer una constituyente para mejorar la justicia. De convocarse una constituyente para luchar contra la corrupción, hay que vincular al ejecutivo, el legislativo, los entes de control, contratistas, entidades territoriales, fundaciones, empresas prestadoras de servicios públicos, medios de comunicación, es decir, en esa iniciativa caben todos los sectores porque señalar hacia un solo punto es doble moral.
Hay corrupción cuando se ofrecen sobornos, cuando se paga para evadir trámites, las malas prácticas se promueven desde la familia con padres que celebran porque sus hijos tienen “malicia indígena” para sacar provecho de situaciones. Hasta el momento no existen acciones efectivas contra este cáncer, por eso se necesita un cambio de cultura y mirar los recursos públicos como un patrimonio sagrado. La construcción de un país diferente debe hacerse desde las generaciones venideras, porque la presente y las pasadas están contaminadas.
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