Y los 70 años de Gardeazábal por fin llegaron el 31 de octubre pasado. El escritor, el animalero y el orquidiota decidió convocar a sus amigos, como lo ha hecho en los últimos años a celebrar este cumpleaños que dejará huella imborrable en la historia reciente de las grandes reuniones gardeazabalescas.
A la entrada fui sorprendido por la entrega de un libro con el sugestivo título de Marcianita Barona. Este gesto, inédito, no solo en su fiesta si no en otras similares, coloca a Gustavo a la altura de escritores que, habiendo estado privados injustamente de su libertad, decidieron escribir sobre el impacto que significa la soledad y el encarcelamiento.
Como los artistas de antaño, decidió consignar su memoria en columnas de opinión que, con el seudónimo de Marcianita, le publicara El Tabloide, el periódico de Tuluá.
La capacidad de creación de un mundo propio, como lo ha hecho Gardeazábal, le permite incorporar a Marcianita Barona, el personaje de El bazar de los iditoas, uno de sus más queridos protagonistas, que tiene el encanto de ser hija de un cura y que por hechizo literario tuvo dos hijos idiotas que hacían milagros.
La recopilación de estas columnas, escritas por “el prisionero de la esperanza”, es una demostración de cómo un hacedor de relatos puede dejar un recuerdo escrito, cuando otros en iguales circunstancias, son secuestrados por la tristeza y el resentimiento.
Como al decir de Gardezábal, nunca pensó llegar a los 70, aprovechó para invitar no solo a sus amigos, si no para indicarnos que la invitada de honor, era la Marcianita de sus amores, cuyo apellido se escribe con “b” de bruja y no “v” de valiente.
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