Su vida y obra, convierten a Gabriel García Márquez en el más grande del siglo XX, en la historia de la literatura colombiana.
Cinco golpes de suerte le fraguaron su destino: predestinado a criarse con sus abuelos, cursar su bachillerato en Zipaquirá, empezar en Bogotá estudios de derecho en el año que inmolaron a Jorge Eliécer Gaitán y el cierre de El Espectador, cuando ejercía de corresponsal en Europa.
Sus abuelos Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán, le narraban en su orden, episodios de la guerra civil de los Mil días y los mitos y leyendas del Caribe, semillas que décadas más tarde germinarían en sus cuentos y en su gran novela sobre la familia Buendía Iguarán en Macondo.
La beca que lo alejó de la costa, impidiendo que pudiera viajar del internado, hizo que los fines de semana en la biblioteca se internara entre los clásicos de la literatura universal.
El cierre de la Universidad Nacional por los episodios del 9 de abril, le permitieron que justificara a su padre el renunciar a emprender estudios de derecho para dedicarse a la escritura y la literatura.
La clausura de El Espectador en 1954, propició que se dedicara de tiempo completo a la vocación literaria.
Así, Gabo les entregó a los profesores de literatura las herramientas precisas para que en los años sesenta nos sedujeran a los estudiantes.
Si hemos sido escépticos con quienes engrandecen nuestra cultura, la Academia Sueca en 1982, le concedió el Premio Nobel y, en 2007, la Real Academia Española de la Lengua, decide venir a Colombia a homenajear a García Márquez con motivo de cumplir cuatro décadas de publicada su obra cumbre y para celebrarle sus ochenta años de edad.
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