Puede ser pura coincidencia, pero también da para pensar que a ellos el destino les deparó la fecha o, tal vez, que los mismos hombres de letras escogieron abril para morir. Desde Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare (ambos el 23 de abril de 1616), hasta Jorge Isaacs (17 de abril de 1895), Carlos Castro Saavedra (3 de abril de 1989) y Gabriel García Márquez (17 de abril de 2014).
Ahora lo reconfirman Gunter Grass y Eduardo Galeano al morir el 13 de abril. Me conmovió la muerte de Galeano, y estoy seguro que algo similar debieron sentir otros de mi generación, porque recordamos cómo en los años setenta, con Las venas abiertas de América Latina, él nos rescató de quedar sólo inmersos entre las asfixiantes lecturas de economía.
Galeano nos ofreció su gran crónica histórica latinoamericana sobre el saqueo de las riquezas agrícolas y mineras continentales, como un refresco literario ante el agotamiento intelectual en que nos sumían las complejas categorías dialécticas. Su escritura militante después incursionó en los mitos y costumbres de los pueblos: Memorias del fuego, El libro de los abrazos, Patas arriba, Los hijos de los días, Fútbol a sol y sombra, entre otras.
Confluyen la narración y el ensayo, la poesía y la crónica. Recrea las voces del alma y de la calle, igual que las ricas literaturas sobre las memorias latinoamericanas.
El gran escritor uruguayo ganó los premios José María Arguedas de Casa de Las Américas de Cuba, la medalla mexicana Bicentenario de la Independencia, el Mare Nostrum de Italia, la Medalla de Oro Círculo de Bellas Artes de Madrid, el Dagerman de Suecia y el Vásquez Montalbán del Círculo de Barcelona. Su mayor presea fue haber sido elegido como Primer Ciudadano Ilustre de los países de Mercosur.
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