Fraude por teléfono

José David Solís Noguera

Hace unos días, recibí una llamada de una asesora de banco que amablemente me entregaría un producto para hacer uso en compras. Lo impactante de la llamada es que su cordialidad y amabilidad – sumado a una excelente información personal que tenía sobre mí – generó la confianza necesaria para que yo le entregara algunos datos adicionales de mis tarjetas de crédito.

Afortunadamente, la supuesta asesora cometió un gran error que me llevó a reaccionar y no acceder a ninguna solicitud por parte de estos hábiles estafadores telefónicos. Yo creía ser eso que coloquialmente llaman “vivo”, pero, después de haber sido “casi” víctima de estos ladrones, quedé sumamente impactado con la destreza de los delincuentes para obtener información. Esta modalidad de robo no es nueva y no se limita a ingresos en particular, edad, nivel de estudios o estrato.

Según el gerente del banco donde tengo mi cuenta, este tipo de fraudes telefónicos afecta a la gente mayor al suponer que viven solos, tienen dinero guardado y son más educados con los extraños. De acuerdo con la Ley 1581 de 2012, de protección de datos personales, nadie puede acceder a mis datos si yo no he dado la autorización. Por eso es importante que tengamos claridad de esta ley para actuar contra las entidades crediticias bancarias o centrales de riesgo por violación al habeas data financiero, al tener una inadecuada gestión de los datos personales de los clientes. La privacidad y la protección de los datos son derechos que van unidos.

No entreguemos información personal a terceros si no lo hemos solicitado. Recomiendo descargar la aplicación ´TrueCaller´ para que verifiquen la procedencia de los números telefónicos.

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