Al Papa Francisco le conocíamos: su humor, su afición futbolera, su conciencia ecológica, sus mensajes a la juventud, su defensa de los más débiles, sus conocimientos sobre problemas políticos y económicos, latinoamericanos y mundiales, su pensamiento incluyente y su política conciliadora. Pero esta vez nos sorprendió con sus referencias a la letra del Himno Nacional de Colombia y al discurso “La soledad de América Latina”, pronunciado en 1982 en Estocolmo por nuestro Premio Nobel de Literatura.
Nos mostró otra de sus facetas, su pasión por la literatura, la poesía y la narrativa. Las palabras del Papa Francisco sí supieron darle vigencia al poema de Rafael Núñez, convocándonos a mirar de frente y a sus ojos a los pobres. “Ellos que entre cadenas gimen sí que comprenden las palabras del que murió en la cruz”.
Sus palabras exhortaron para que donde todavía cultiven el amor patrio, no se conformen con sólo el enseñar a cantarlo, es decir, simplemente repetirlo.
Convocó tácitamente a que cuando interpretemos su letra, entonando sus analogías y metáforas, también reflexionemos sobre su connotación histórica y social. Francisco, a renglón seguido en su discurso, también se mostró como gran admirador de Gabo.
“Resuena en el corazón de cada colombiano el aliento del gran compatriota Gabriel García Márquez… Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.
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