No hay nada más dramático y angustioso para un individuo que llegar a la triste conclusión de que sus ingresos no alcanzan para cubrir los gastos. Y como desafortunadamente la posmodernidad nos infunde la idea de que a mayor consumo mayor felicidad, la deficitaria situación produce depresivos y depresivas por doquier. Pero, ¿acaso existe algo menos emocional que una transacción mercantil de compra y venta? Es innegable que para muchos el consumo -idealizado y hasta divinizado hoy por la publicidad- produce satisfacción, y según la Teoría del Bienestar, hasta realización. Sin embargo, la variada gama de bienes y servicios que se ofertan a diario tienen una razón de ser que va desde lo estrictamente esencial a lo trivialmente innecesario.
Como asesor financiero encuentro con frecuencia que una de las principales causas de la angustia financiera de muchas personas se debe a que han convertido el consumo en una especie de terapia que les brinda satisfacción y sentido a sus vidas.
Incluso hay una conducta tan extrema en consumir bienes que se llama oniomanía, y que consiste en una no muy rara patología que crea individuos valiosos para el sistema capitalista pero causantes de muchas desgracias en sus hogares.
Defino la inteligencia emocional como la capacidad que tenemos de reconocer que nuestros actos dependen de nuestras emociones y que podemos por tanto controlarlos. Por esta razón, desarrollar una inteligencia emocional en el ámbito financiero es de vital importancia si no queremos llegar al fin de mes en saldos rojos. Doy aquí queridos lectores un consejo para controlar nuestro impulso de consumo al enfrentarnos al mundo comercial: Hagámonos la pregunta \”¿verdaderamente necesito lo que voy a comprar?\”, y obremos en consecuencia.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

