Trato de entender al presidente Duque y a su gobierno, al toparse con el estruendoso hueco fiscal y con la inmensa deuda pública externa que heredó del gobierno anterior, lo que en otros países tienen a expresidentes en procesos disciplinarios y penales, pero, esa Ley de Financiamiento que no es otra cosa que otra reforma tributaria, es infame para los de abajo y para los pensionados.
Este país no resiste más reformas tributarias cada que llega un nuevo presidente, y más cuando Duque, siendo Senador, criticó fuertemente la última reforma tributaria del gobierno Santos. No está siendo coherente.
Razón tiene el ex viceministro de defensa Rafael Nieto Loaiza, cuando afirma que “el nuevo gobierno no debe discutir cómo encontrar nuevas fuentes de ingreso para el Estado.” Debe dedicarse a corregir lo malo que dejó Santos, como suprimir los tres ministerios nuevos que creó, suprimir los 36 institutos nuevos creados para satisfacer a congresistas de la unidad nacional y a magistrados; declarar cesantes las 18 mil personas que nombró y los 70 mil contratos adicionales por prestación de servicios, antes de salir del gobierno, innecesarios todos.
Corregir los 125,9 billones que Juampa le aprobó a las farc para que firmaran el Acuerdo de Paz que salvó un premio nobel. Suprimir consulados que no se requieren y en los que Santos nombró recomendados de sus amigos cercanos.
Si Duque quiere recuperar la confianza del pueblo colombiano, debe reestructurar el Estado que nos dejó Juan Manuel y, como dice el doctor Nieto, “construir y ejecutar políticas efectivas contra la evasión, la elusión y la corrupción.”
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