Asistimos a la feria internacional del libro “Cali Lee, Jorge Isaacs invitado de honor”, realizada en estos 15 días en el bulevar del río, cual turistas que viajan conociendo ciudades. En las ferias de libros, los autores, las editoriales y las librerías lanzan y exponen sus mejores títulos bibliográficos.
La vida de los libros es similar a la de los seres humanos, nacen y son aceptados socialmente, sólo difieren, con algunas excepciones, en que estos tienen existencia física inmortal. Las librerías, similar a las ciudades, pueden estratificarse: las internacionales, gigantescas y lujosas, se asemejan a las metrópolis, atractivas para los turistas, habitadas por bibliografías costosas y portadoras de cultura universal.
Las medianas, se asemejan a las aldeas o ciudades modestas, habitadas por libros útiles para el consumo local. Y las de compraventas de libros usados, se asemejan a las ciudades pobres, con barrios de invasión, cuyos habitantes lucen envejecidos, remendados y sin seguridad social.
Libros y seres humanos tienen papeles análogos, unos siguen imperceptibles en las estanterías, otros son líderes sociales que impregnan ideas para transformar la historia: La Biblia de los profetas, el Contrato Social de Rousseau, El Capital de Marx. Las ciudades tienen alcalde, las bibliotecas bibliotecario y las librerías administrador.
Si hay militantes de los movimientos de líderes sociales, también decimos que quien lee un libro no sigue siendo el mismo.
Las tiranías han perseguido a los líderes, como a los libros que han lanzado a las hogueras. Si en las ciudades nos enamoramos de las mujeres, en las librerías somos seducidos por los libros, en ambos casos seríamos susceptibles de infidelidad.
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