Atravesando el mejor momento de su vida, disfrutando de todos los honores y homenajes a su obra como escritor, Gardeazábal, mi amigo de siempre, cumple años hoy. Todos los que hemos asistido a sus celebraciones debemos estar recordando los encantos decimonónicos de sus fiestas, donde a la manera de las cortes de la Francia victoriosa del siglo XVIII, se llevaban a cabo verdaderos encuentros de magia, encanto y generosidad.
Gardeazábal montaba con un año de anticipación su gran banquete. Seleccionaba con ojo de minucioso relojero la lista de invitados. Establecía a la manera de un mapa político, dónde y con quién deberían de compartir sus invitados. Se miraban las caras los que gozaban del éxito y se saludaban de reojo los que casualmente habían resultado quemados en las elecciones de octubre. Hacía su aparición cuando menos se esperaba y casi siempre decía tres o cuatro palabras, renunciando a su talante de gran orador.
Gustavo convirtió su cumpleaños en el evento político más importante del país. Como en las grandes cortes llegaban delegaciones de distintos reinos, trayendo consigo los presentes y los obsequios para el anfitrión. La última vez que esta fiesta se celebró Gardeazábal portaba audífonos de extraterrestre. Sus cumpleaños serán siempre un evento esperado que estuvo acompañado en muchas ocasiones de un libro escrito y editado por el anfitrión.
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