Soy un ciudadano del promedio, respetuoso de las normas, y quien difícilmente se involucraría en protestas multitudinarias porque no es mi estilo. Tengo un credo ideológico de centro, apoyo propuestas de derecha y también de izquierda si son justas y prácticas para mi parecer. Y en mis escritos defiendo el respeto a los derechos fundamentales y las reglas que permiten vivir en sociedad. Por eso estoy asqueado ante la repudiable acción en Bogotá en donde un policía adscrito al Esmad, disparó a quemarropa un cartucho de gas en contra de otro colombiano (lo que al parecer olvidan) por el simple hecho de protestar en contra de las corridas de toros. La norma de defensa personal establece una reciprocidad entre la fuerza letal de ofensa y de respuesta, olvidadas convenientemente en estos hechos.
Pero como los desafueros cunden en el mundo actual, ahora nos encontramos frente al magnate Trump, esgrimiendo su garrote con rigor en contra del timorato presidente de México, quien acorralado tuvo que cancelar su visita del 31 de enero a Washington. Sin duda involucionamos en la aplicación geopolítica al punto que la doctrina Monroe regresa a la escena de las relaciones entre USA y Latinoamérica. Pronostico muy malos tiempos para el continente como consecuencia de las bravatas del señor Trump ¿tendremos nuevas muestras de sumisión de los líderes latinos? O habrá una ruptura que determine problemas económicos para ambas partes.
El autoritarismo es como arrojar gasolina sobre la base de un incendio, finalmente solo nos conduce a la destrucción y el caos. Veamos hasta donde llegarán el impetuoso señor Trump y los energúmenos miembros del Esmad.
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