Se han barajado varias fórmulas jurídicas para resolver este impasse nacional y lograr destrabar el proceso de paz, la mayor expectativa está en la actuación de la Corte Constitucional, que ha actuado en los últimos 7 años de manera parsimoniosa y en muchas ocasiones maneja unos términos por fuera del reglamento, pretexto del cúmulo de trabajo.
Fue una estulticia haber sometido ingenuamente la paz a una pregunta que fue manejada por los enemigos con la reducción de los seis acuerdos a frases engañosas.
La última opción que se vislumbra es esta: Que el Presidente de la República y Nobel de la Paz, una vez él y sus delegados en la mesa de La Habana hayan examinado con los delegados de las Farc las propuestas de modificaciones a los acuerdos redactadas por los voceros del No, hecha la evaluación y discutidas las pretensiones de modificación, incorporando lo razonable y viable; proceda, con un nuevo acuerdo a disposición y amparado en la legitimidad de su segunda elección presidencial respaldada por las mayorías para lograr la paz, ante la plenaria del Congreso con la presencia de la ONU, invocando el bien supremo y general de la paz, sin la cual no funciona la democracia, para proceder a la nueva firma, para que el Congreso, depositario de la votación de todos los colombianos en la última elección del año 2014, le reitere las facultades del marco jurídico del acto legislativo para que selle la paz por encima de estulticias, tecnicismos, mezquindades y entrabamientos, en aras de evitar que volvamos a la guerra interna y se incendie la República.
Esta es la fórmula para salir de la Patria Boba, versión siglo XXI.
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