Bastante revuelo causaron las palabras de la Representante a la Cámara Maria Fernanda Cabal, cuando envío a estudiar a un grupo de personas que gritaban improperios al Expresidente y hoy Senador Álvaro Uribe.
Bien decía Mandela que “la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Personalmente, no veo que la expresión de la Representante Cabal se encuentre salida de tono, es peor que te griten expresiones como: “paraco, asesino, etc.”; el nivel de educación que podemos encontrar al analizar cada frase es evidente.
Tristemente hay que reconocer que nos encontramos en un país donde quienes han cometido crímenes de lesa humanidad, han reclutado y violado menores de edad, se convierten en “superhéroes” para la sociedad, en cambio, quienes nos hemos preparado durante años en diversas aulas de clase para servir a la sociedad, somos motivo de vergüenza para cierto grupo de pseudointelectuales que han dejado permear la hermosa tarea que se ejerce desde la academia por pensamientos traídos desde lo más íntimo del socialismo y de aquella fuerza armada revolucionaria que tanto daño ha hecho desde las montañas de Colombia.
Es claro que las bases de la educación se dan en casa, los valores y principios que desde la familia se inculcan se convierten en el cimiento donde quiera que vayamos, en el colegio y la Universidad encontraremos conocimiento, ahí la respuesta a que los principales casos de corrupción de nuestro país lo realicen personas que han estudiado en las mejores Universidades, con carreras de pregrado, especializaciones, maestrías y doctorados de alto nivel, pero con cero principios, seguramente la avaricia y ambición superaron el deseo y las ganas de servir, ahí es donde se empieza a tergiversar lo que es verdaderamente la política.
Los antivalores se han apoderado de quienes nos gobiernan, sin embargo, no podemos bajar la guardia, cada día la experiencia nos enseña y va mostrando grandes hombres que han sabido poner al servicio de los demás sus saberes, esos son los verdaderos ejemplos para las nuevas generaciones, para el relevo generacional que empieza a contemplar nuestro país; Colombia y el mundo piden a gritos figuras frescas con hojas de vida intachables que puedan aportar al progreso del mismo, nos queda claro que haber pasado por una Universidad no es riqueza, pero no haber pasado por allí sí que es pobreza y para servir a un país, departamento o municipio es necesario pasar por una de ellas, de lo contrario me veré obligado a gritar como lo hizo la doctora. Cabal: “Estudien, vagos”
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