Se celebra el día del amor y la amistad de manera incluyente, aunque en las relaciones cotidianas los dos conceptos sean diferentes. Pero suelen confundirse como si fuera lo mismo.
Hay quien dice que “pasó el fin de semana con su amiga”. En las navidades se juega al amigo secreto y sucede que al azar toca darle regalo al compañero de trabajo por quien ni siquiera se siente simpatía. Algunos docentes acostumbran saludar a sus estudiantes con el “buenos días amiguitos cómo están”, aunque no les hayan indagado sus problemas personales. Esos maestros por desconocer que el sentimiento de amistad nace, ante una riña llaman a los dos niños para que pacten su amistad con un obligado apretón de manos .
Y qué decir de un simpático hombre de radio que saludaba a su audiencia con un “buenas tardes, mis amigos invisibles”. Tampoco faltan los especialistas en psicología infantil que recomiendan a los padres que no se vuelvan muy amigos de sus hijos, porque perderían su autoridad. La confusión entre los dos conceptos se reflejó en las canciones: amigos con derechos…, según Jhon Alex Castaño, envueltos por la pasión y después cada cual para su casa.
Yo quiero un millón de amigos… qué ambiciosa es la utopía cantada por Roberto Carlos. Las mejores definiciones sobre la amistad, no sobre el amor sentimental ni la pasión, sí las canta Alberto Cortés, reflexionando “A mis amigos”… y “Cuando un amigo se va”… En vez de su millón de amigos, prefiero que Roberto Carlos estime como amigo a quien su corazón es una casa de puertas abiertas, a la persona realmente más cierta en nuestras horas inciertas.
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