Enigmas en la sucursal

Rodrigo Fernández Chois

Ventaja de ser independiente y no cumplir horario laboral es la de compartir tiempo con hijos y padres.  Así me ocurre y soy un privilegiado. A mis hijas las llevo al colegio y a mi madre –aclaro que para ella es obligación- le sirvo de chofer. Y así me encontraba, sirviendo de chofer en la Calle 26 Norte, esperándola en el carro mientras le practicaban unos exámenes médicos de rigor.

La batería del celular murió y para atemperar una espera que sabía larga me puse a observar a mí alrededor. A diestra nada fuera de lo común, pero a la izquierda, en medio de un ancho y verde separador distinguí una efigie que coronaba un blanco pero desproporcionado pedestal.

Frunzo el ceño para mitigar mi miopía y distinguir el rostro: y entonces una expresión de tortura en el bronce pica mi curiosidad, me hace descender del carro y acercarme para leer la placa que supuse existía. Al aproximarme confirmé que el semblante era el de un infeliz torturado que resultó ser Giordano Bruno. Sí, el mismísimo astrónomo italiano sentenciado por la Inquisición a la hoguera por sus creencias en contra de la Trinidad, de la virginidad de María y por sus afirmaciones sobre la existencia de múltiples soles y vida inteligente a su alrededor.

Galileo se retractó ante el mismo juez pero Giordano no y fue condenado como mago y hereje. Dicen que no pronunció grito alguno al ser devorado por las llamas lo que discrepaba del semblante de aquella figura. Un canto de “chontaduro, manga viche” me sacó de mis reflexiones. ¡¿Cuántos enigmas similares tienes, Sucursal del Cielo?!

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar