Es un hecho incuestionable que en tiempos de dificultad es aguzado el ingenio humano. Muchas de las grandes leyendas, héroes, desarrollos y saltos tecnológicos, cambios de normas y costumbres surgen de la necesidad de defenderse ante las inevitables circunstancias imprevistas que bambolean este pequeño mundo en que vivimos. Casi que, sin pretender pisar los terrenos del humor negro, nos hace falta, de vez en cuando, un fuerte sacudón para lograr cambios significativos.
Todos escuchábamos del teletrabajo o trabajo en caso como un estilo laboral exótico de los genios del software de Microsoft o Apple que se sentaban con un computador en su casa o en un parque a diseñar alguna aplicación, la enviaban por internet a su jefe y retiraban sus suculentos honorarios del cajero automático.
Lejos estábamos de imaginar que trabajar en casa es posible con solo sentarnos en el comedor con un iPhone o un computador y ¡oh sorpresa¡, descubrir que nos rinde más el tiempo de trabajo. En efecto, en un día normal de nuestro pasado cercano, cuatro reuniones eran una proeza y ahora celular en mano no hay dificultad de realizar seis, siete y hasta ocho espinosas reuniones, sin gastos de pandebono, desfile de modas y gasolina al piso para llegar con angustia a la siguiente reunión.
Ningún científico con mediano nivel de experiencia en vacunas y prudencia académica podía pronosticar la producción de una vacuna para una pandemia del nivel actual en meses y un logístico de procesos de salud publica y comercio internacional jamás se comprometería hace un año a colocar en un pueblo perdido de un país tercermundista unas vacunas con la refrigeración apropiada a un batallón de vacunadores.
La cotidianidad también cambio bruscamente. Atender al Psico rígido gerente en sudadera y camiseta polo, atender al mismo tiempo una rueda de negocios, pagar por internet los servicios públicos, orientar a su hijo para el examen de matemáticas y preparar el almuerzo en microondas solo se veía en películas de Hollywood. Que un paisano cualquiera juegue a cuatro manos rutinariamente, eso no nos cabía en la cabeza.
Luego de esta pandemia, esta vida no será la misma, de hecho, muchos hogares se habrán fortalecido, como decía un amigo, ¡qué maravilla redescubrir los atractivos de la señora y sorprenderse con la habilidad de los hijos adolescentes¡. Otros se disolverán por falta de sustancia amorosa y algunos amaran la soledad que tanto temían. Agucemos el ingenio, falta mucho por ver.
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