A pesar que en febrero del 2015 se celebró en Medellín el IV Foro Mundial de la Bicicleta, con el lema “Ciudades para todos”, todavía no se le otorga la importancia que se merece al saludable y ecológico medio de transporte. El foro mundial nació en memoria a los 20 ciclistas caídos en Porto Alegre, Brasil, arrollados el 25 de febrero de 2011 por un conductor intransigente.
El Gobierno Nacional y los alcaldes también olvidan que Colombia ha figurado a nivel mundial como un país de glorias del ciclismo en todos los tiempos, por ejemplo, Martín Emilio “Cochise” Rodríguez y Nairo Quintana, entre otros.
Se toma la bicicleta sólo como elemento distintivo de algunas campañas políticas o símbolo del día emblemático anual de oxigenación de determinada alcaldía. Hasta en las familias la bicicleta dejó de ser el regalo más ansiado por los niños.
Exceptuando sus ciclovías dominicales hasta el mediodía, ningún plan de desarrollo municipal se atreve a involucrar a la bicicleta como una verdadera modalidad de transporte. No se piensa que, contrario al aumento de las cifras de accidentalidad por el uso de la motocicleta, que se disparó como consecuencia de la crisis del transporte automotor público, con la implementación de la bicicleta además de hallar una alternativa popular de movilización ciudadana, mermaría el ruido y la contaminación ambiental, mejoraría la salud física y se abarataría la canasta familiar.
Si trazaron vías exclusivas para los buses padrones de los nuevos transportes masivos, ¿por qué no hacer algo parecido para garantizar la movilidad en el vehículo de bielas? Cali está en mora de ser una de las ciudades para todos.
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