En la guerra, en el amor y…

Rodrigo F. Chois

Dicen que en la guerra y en el amor todo es permitido, y hay quienes aplican el “todo vale” en los negocios. Llego a esta conclusión después de culminar un proceso kafkiano que comenzó a la salida de un almacén de cadena de la ciudad. Una chica me tienta con la promesa de unas económicas vacaciones en un paradisiaco destino.

Mi interés me hace caer en sus redes y termino en un hotel de la ciudad escuchando un grandilocuente plan vacacional. El canto de sirenas nubla mi juicio y la promesa señalada me hace firmar y desembolsar el dinero de la cuota inicial.

Luego, me informarían que el ofrecimiento original es imposible de cumplir por lo que decido días después –y ya con la mente despejada- cambiar de decisión.

Gracias al corto tiempo trascurrido en el que me informan del incumplimiento puedo rescindir el contrato, pero debo someterme al burocrático proceso y, peor aún, al extenso tiempo que suelen manejar estas entidades para la devolución de los recursos.

La curiosidad me hace investigar y encuentro que en este tema particular ha habido denuncias ante la Superintendencia de Industria y Comercio, autoridad que vigila que existan buenas prácticas comerciales para con los consumidores.

Me tocará esperar a que me reintegren los recursos, pero con el conocimiento de que existe un ente que impide “el todo vale”, organismo ante el cual podemos denunciar casos como este con nombres propios.

Por fortuna, en la guerra tampoco es que se pueda el todo vale, para eso existe el Derecho Internacional Humanitario… ¿Y en el amor? Bueno, ¡tenemos a Cupido con su arco y flechas!

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