En defensa de la caleñidad

Carlos Andrés Arias Rueda

Concejal de Cali

Tito es un personaje de esos que uno se encuentra en los barrios de Cali.

Al pasar por el frente de su casa es común que desde la ventana se asome un saludo de Cheo Feliciano, Willie Colón, Ismael Rivera, Guayacán o el Grupo Niche.

De su salario siempre hay una porción destinada para salir con su esposa, una vez al mes, y frecuentar lugares como Mala Maña, la Topa Tolondra, Zaperoco o Siboney.

De sus 45 años, los últimos treinta los ha vivido en Cali.

Llegó a donde un tío como castigo después de perder un año escolar, proveniente de algún pueblo enclavado en la cordillera, entre Caldas y Tolima. Es hincha de uno de los equipos de fútbol que son referentes en la ciudad.

Tito ama a Cali, Tito es caleño.

Para ser caleño no basta con haber nacido en Cali. La caleñidad es una condición que se adquiere por ósmosis y que se aloja en el corazón.

Hay caleños nacidos como paisas, pastusos, costeños, bogotanos o de cualquier otra procedencia. Ser caleño es amar a Cali, respetar a Cali, cuidar a Cali, trabajar por Cali. Cali es grande por los caleños y no lo es más, por lo que los caleños dejamos de hacer.

En algún momento fuimos la segunda ciudad de Colombia, hoy somos la cuarta, Medellín y Barranquilla nos tomaron ventaja.

Hace medio siglo recibimos el apodo de la “ciudad cívica”, gracias al empuje de una generación notable que trajo los juegos panamericanos y que trazó el desarrollo futuro del que hemos gozado las generaciones venideras.

Es el momento de retomar el camino, de defender la caleñidad.

Todos los caleños debemos poner de nuestra parte para rescatar nuestra ciudad y poder lucir con orgullo el título de “sucursal de cielo”, que a veces parece deslucirse frente a la realidad de una ciudad en caos, en donde se da la impresión de que los violentos se han adueñado de las calles y donde los desplazamientos terrestres suelen generar frustración e incertidumbre.

Es momento de que los caleños asumamos la conciencia de lo que significa ser caleño, que no se limita únicamente a bailar salsa, comer cholado, visitar San Antonio o lucir la camiseta de un equipo.

La caleñidad es amor, entraña el devolverle a la ciudad lo que tanto nos ha dado. La caleñidad implica hacer la cola en la Estación del Mio y ceder al puesto cuando así se necesita, ser caleño es socorrer al otro y corregirlo fraternalmente cuando se equivoca, además de disfrutar de los espacios deportivos sin que se genere violencia innecesaria alrededor de los mismos; a los caleños nos duele nuestra ciudad y por ello debemos participar activamente en los espacios culturales, pero también en los que nos brinda la democracia.

La caleñidad implica un compromiso por la seguridad, pero también un ejercicio para reconocernos y valorarnos entre todos.

La caleñidad debe ser rescatada y defendida, puesto que surge de un pacto entre buenos ciudadanos.

Rescatar la caleñidad es apostarle de nuevo a la grandeza de Cali.

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