Participar como votante en el proceso electoral es emocionante; contribuir con nuestro voto a construir el futuro de nuestro país lo es aún más; y conocer minuto a minuto la evolución de los resultados y que nuestro candidato sea ganador, ¡de pelos!
Pero, entonces, ¿cómo es posible que exista un inmenso número de compatriotas que se abstienen de experimentar tan soberano, potestativo y noble placer? Unos dicen que es la indiferencia sublime; otros lo contrario: el desencanto perenne.
Yo personalmente creo que ni los primeros ni los segundos tienen la razón; más aún cuando es justamente en las huestes jóvenes en donde se concentra la inexplicable conducta abstencionista.
En plena era de simplificación de procesos, digitalización de trámites, globalización y el llamado tiempo real; debemos reconocer que el proceso de ir a votar en Colombia parece un rezago del siglo pasado; ¡partiendo incluso de ese asunto medieval, ineficaz y dificultoso que representa la inscripción de la cédula!
No creo que la solución para acabar el endémico abstencionismo en nuestro país sea la obligatoriedad del voto, no; al fin y al cabo “las estrellas aconsejan pero no obligan”.
Siempre apostaré a que la solución para este importante asunto se encuentra en la simplificación del proceso de “ir a votar”, una solución que debe ir de la mano con la sorprendente tecnología.
En fin, son pensamientos y nada más. Por mi parte seguiré apoyando a mi candidato Óscar Iván Zuluaga para las elecciones del 15 de junio y anhelo que ese día la abstención se reduzca; sólo así el resultado final -sea éste el que fuere- tendrá la legitimidad que tanto merecemos.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

