El Valle del Cauca y la primera línea

Víctor Manuel García

Todos los vallecaucanos tenemos un fuerte recuerdo de las incidencias y consecuencias del denominado “paro nacional” del 2021, pues nuestro departamento fue quizá el territorio donde se edificó el epicentro de la protesta social dando lugar a dinámicas de confrontación exacerbadas, que en muchos casos excedieron los límites tanto de los manifestantes, como de las autoridades y hasta de la población que en principio no participaba del ejercicio de reclamación.

Los vallecaucanos aún conservamos en la retina las difíciles y dolorosas imágenes de la quema del Palacio de Justicia en Tuluá, la destrucción del Hotel “La Luna” en Cali, el bloqueo vial en diversos puntos del departamento, así como a algunos habitantes de un sector de la capital vallecaucana realizando disparos a un grupo de manifestantes en el sur de esta ciudad y cuya referencia para la situación es el tristemente célebre señor Andrés Escobar, quien por cierto en la actualidad enfrenta sendas investigaciones por estos hechos en la Fiscalía.

De igual forma presenciamos como la institucionalidad se desdibujó en diversos momentos durante este proceso, configurándose situaciones donde miembros de la autoridad policial actuaron con fuerza desmedida en contra de grupos de manifestantes, así como por el contrario también vimos inacción en no pocas situaciones por parte de las autoridades locales, departamentales y nacionales, como lo fue principalmente en Cali, Buga y Tuluá.

Son claras las consecuencias y las pérdidas económicas que se generaron a raíz del paro. También es palpable el golpe a la “sicología social colectiva” de los vallecaucanos, pues a falta de un liderazgo social y político fuerte “post paro”, hay actualmente un ambiente enrarecido cargado de incertidumbre de cara al futuro inmediato de esta región.

Sin embargo y a pesar de haber experimentado esta compleja situación y de escuchar en múltiples espacios las razones del por qué el Valle del Cauca fue el epicentro nacional de tan difícil escenario, parece que los vallecaucanos no hemos tomado conciencia de las realidades sociales y económicas de gran parte de la población que reside en el departamento más importante del suroccidente del país.

Actualmente existe un ejercicio puntual liderado por algunas instituciones gremiales y privadas denominado como “Compromiso Valle”, sin embargo, hasta el momento no existe en el departamento un verdadero esfuerzo sistémico y articulado que irradie todo el territorio y que busque impactar de manera real la estructura social del Valle del Cauca.

Por poner un ejemplo de esta situación: El “paro nacional” fue un ejercicio liderado por los jóvenes, y a pesar de lo experimentado vemos como el desempleo juvenil en el Valle del Cauca para octubre de acuerdo a cifras del DANE, se situó por encima del 21%, es decir, diez puntos porcentuales por arriba de la tasa general de desempleo del departamento y dos puntos por encima de lo registrado en el mismo mes del 2021.

Ahora, el Presidente de la República ha puesto nuevamente en el “radar” de la opinión pública nacional, el tema de la “primera línea” a raíz de su intención de liberar a aquellos jóvenes sindicados por la Fiscalía a partir de su actuación en las jornadas del paro nacional, un tema sin duda espinoso y que tiene múltiples defensores así como detractores en la ciudadanía en general.

Sin embargo, los vallecaucanos debemos “aprovechar” esta oportunidad para revisar si estamos o no haciendo lo necesario para “desactivar la bomba social” que tenemos en nuestro territorio, una acción que desde la óptica de quien escribe, no se ha realizado de la manera como lo demanda la situación de esta región, pues los esfuerzos que en su gran mayoría son muy tímidos, no son lo suficientemente contundentes por falta de articulación y no pasan de ser acciones puntuales sin un norte claro en el tiempo que permita realizar cambios verdaderos y duraderos a la estructura social y económica del departamento y sus 42 municipios, porque también es claro que todos los municipios deben estar cobijados por las medidas que se desarrollen y no solo la zona metropolitana de Cali.

El Valle del Cauca demanda un verdadero liderazgo que sea consciente de la situación que atraviesa el territorio y que además de esa conciencia tenga un alto sentido de pertenencia por la región.

No hay mejor oportunidad que el 2023 para dar un giro de 180 grados, un año decisivo para el devenir de una región que tiene un potencial enorme, pero que no se ha podido aprovechar debido a sus desigualdades sociales, las dinámicas de violencia, la exclusión y estigmatización de grupos poblacionales enteros.

Es hora que los vallecaucanos entendamos que no podemos seguir en las misma senda y comencemos a trabajar de manera conjunta, articulada y sostenible en el tiempo para que demos el primer paso hacia la conversión de un Valle del Cauca que se considere a sí mismo como la “primera línea” del desarrollo económico, social, cultural, intelectual y deportivo de nuestro país.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar