El Testigo en La Tertulia

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

La exposición fotográfica El Testigo, de Jesús Abab Colorado en La Tertulia, provoca algunas reflexiones. El recinto de arte moderno de la ciudad por estos días se convierte en el álbum de nuestra nación. Abad reivindica la fotografía tradicional, aquella que hacíamos revelar para congelar nuestras historias personales, sociales y nacionales.

El cine digital popularizó la producción del séptimo arte, al tiempo que facilitó y enriqueció los archivos de los cinéfilos coleccionistas. Los documentalistas registran la memoria histórica. Cosa diferente ocurre con el relevo de la fotografía análoga por la digital, pierde valor como memoria y arte independiente. Nos saturamos de burdas fotografías almacenadas de manera anárquica y efímera en el celular.

Cada clic es un réquiem para el álbum de familia. La parte más solemne en las celebraciones era el momento del registro fotográfico confiado a un profesional, posábamos conscientes que nuestra imagen quedaría para la posteridad en un álbum, libro que se conservaría con privacidad familiar y al que se accedía con reverencia generacional. Ahora fotografiar es un divertimento de todos contra todos y arriesgando de quedar al escarnio público siendo colgados inconsultamente en el Facebook.

Preguntémonos ¿cuál será el álbum familiar que legaremos a nuestros descendientes? El Testigo representa ese gran álbum que nos invita a mirarnos en la dolorosa realidad de nuestro país. Jesús Abad Colorado retratando la violencia nos advierte que en sus fotografías leeremos la historia de este país, pues se trata de un ejercicio de narración para luchar contra el olvido y por la memoria en un país con muy pocas ganas de recordar.

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