Es una queja recurrente. Todos los que concurren a conciertos deben padecer la manía repetida de aquellos que estando sentados en una fila delante les da por ponerse de pie en medio del show “para poder ver mejor”.
El inevitable resultado final es que a todos los asistentes les toca ponerse también de pie para poder disfrutar –y ya no tan cómodamente- el evento.
Tengo entendido que algo así sucede en los estadios de futbol cuando se gesta el gol. Lo creo así porque en mi vida he pisado en dos ocasiones un estadio y una de ellas no propiamente fue para ver un partido.
Esta loca manía de ponernos de pie y generar malsanas espirales que obligan a todos a hacer lo mismo es exactamente lo que ocurre con la inflación de precios, uno de los peores males de la economía junto con la recesión y el desempleo.
A comenzado un nuevo año y el tema común de conversación –fuera de la tragicomedia de Shakira, Piqué y Clarita- es lo caro que se ha puesto todo. Gasolina, carne, pasajes y hasta los pandebonos; tema preocupante porque nos toca a todos.
La cosa comienza con un alza y enseguida, como un perverso efecto dominó, los precios de todos los bienes y servicios que conforman la cadena de valor deben ajustarse para remediar el cambio y poder conservar los márgenes –o sea poder ver el show- paro ahora con un desagradable estrés administrativo.
Esa es la gran paradoja del incremento de precios y de los que les gusta ponerse de pie. Si todos nos quedáramos sentados podríamos disfrutar mejor el show.
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