El mundo no solamente está siendo azotado por el cambio climático, del cual se dice que causará una catástrofe global entre los años 2020 y 2025.
Dios nos libre de semejante predicción. Lo cierto es que en nuestro planeta se viven situaciones incomprensibles en las que el ser humano está involucrado.
Unos como depredadores y otros como víctimas. Estamos viviendo una época tenaz, donde los que tienen poder aplastan o tratan de aplastar a los que no lo tienen.
Ejemplos muchos, pero veamos algunos, después de la Semana Santa, donde tal vez el único que nos puso a reflexionar fue el Papa Francisco, un hombre extraordinario.
Con lo que sucede en Venezuela, no se entiende el mutis por el foro de la OEA. Está bien que su Secretario General sea socialista, pero eso no es motivo para quedarse callado ante la villanía con que actúa ese gobierno. Ese organismo ya no tiene razón de existir.
Para eso se crearon la Unasur, el Alba, la Alianza del Pacífico, donde cada país toma decisiones según su criterio ideológico.
La OEA sobra. Tampoco se justifica la existencia de la Comisión de Derechos Humanos, cuya misión es sugerir la no aplicación de justicia a quienes siendo de izquierda, cometan desafueros. Entonces, para qué está la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que sí tiene peso jurídico.
Para qué sirve el Consejo Nacional Electoral colombiano, que solo sirve para refrendar fraudes electorales, como el de la votación de colombianos en el exterior, a quienes les están burlando su escogencia por ayudarle a otro que pertenece al círculo de la unidad nacional.
Hechos como estos, de dudosa pulcritud, no preocupan, enferman.
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